Esta actividad activa tres regiones del cerebro: el área motora, el área visual y el área cognitiva, hay que remontarse muy atrás para hablar de la época en la que la informática no eran uno de los pilares de nuestra vida. Antes de que en cada hogar hubiera uno –o varios– ordenadores, antes de que existieran los emails y el uso de Internet estuviera extendido, recurríamos al papel y bolígrafo para todo.

Se mantenía correspondencia con regularidad, los pequeños de la casa hacían los trabajos escolares a mano y todavía se enviaban postales cada vez que uno viajaba, para recordarle a sus seres más queridos que se seguía sano y salvo, dado que no había Whatsapp al que acudir.

Pero, la escritura a mano, una práctica antes común que ahora hemos dejado en un segundo plano en favor de los teclados, las pantallas y la correspondencia virtual, es una actividad que nos aporta infinidad de beneficios para nuestro cuerpo y mente.

Escribir a mano activa tres regiones del cerebro: el área motora, el área visual y el área cognitiva. Explica la doctora Marta Ochoa, jefe de servicio de Neurología de HM Hospitales en Madrid, que al hacerlo se activan muchas redes neuronales, y por consiguiente mejora nuestra capacidad cognitiva. Destaca la importancia que tiene esta actividad en los niños, ya que para ellos conforma un «aprendizaje fundamental para el desarrollo a nivel práctico del manejo de la motricidad fina, la coordinación mano-ojo, el desarrollo de la pinza y el control motor». En el caso de las personas adultas, esta actividad fomenta «la memoria prospectiva y de trabajo, así como estimula más el cerebro al activarse otras áreas como es el olfato ante el papel o el propio tacto de éste».

La psicóloga de Instituto Centta Silvia Cintrano por su parte señala que, a nivel psicológico, escribir a mano «es un gran emocional, facilitando la expresión sin ningún tipo de límite, juicio o restricción», así como destaca que nos puede ayudar a desarrollar «la creatividad y la organización de las ideas». Incluso, la profesional comenta que gracias a la escritura a mano, se «aclaran los sentimientos y las dudas» incluso uno se ve animando a conocerse mejor y a tomar decisiones desde un lugar más amable y consciente.

Memoria de elefante

La activación de la memoria es uno de los beneficios más importantes de escribir a mano. Cuenta la doctora Ochoa que esta actividad estimula la memoria semántica, «el almacén en el que guardamos todo el conocimiento del mundo». Esto es porque al plasmarla, no solo se piensa en la palabra en sí, sino también en todo el conocimiento de cómo escribirla, dónde está acentuada y cómo se desplaza la mano para escribirla.

«Estimula diversas funciones ejecutivas como es la planificación, al tener que prever lo que vas a escribir; la flexibilidad, al tener que ceñirte al margen o cometer errores; la memoria de trabajo, al mantener una idea en la cabeza…», añade la doctora.

Por otro lado, habla la psicóloga Silvia Cintrano de cómo escribir a mano puede beneficiar a las personas nerviosas o con ansiedad. Esto es porque, dado que la ansiedad se produce porque se presta demasiada atención a un factor externo, es decir ambiental, o interno, los pensamientos, focalizar nuestra atención en otra cosa nos ayuda. «Escribir a mano suele ser una buena forma de retirar la atención de dichos síntomas, y centrarlo en aquello que hay detrás. El contenido ayuda a tomar conciencia de lo que ha provocado la ansiedad (o la emoción que estemos experimentando)», explica la profesional.

¿Por qué deberíamos seguir escribiendo cartas?

La psicóloga Silvia Cintrano, de Instituto Centta, enumera las virtudes de mantener una correspondencia o de escribir cartas, aunque nunca lleguen a su destinatario. «Escribir cuando se tiene un conflicto abierto, independientemente del tiempo que lleve abierto, siempre ayuda a solucionarlo en cierto sentido», explica la profesional. Esto ocurre porque escribir hace más consciente cuál es la problemática, por lo que ayuda a ordenar ideas y sentimientos. Además, comenta la psicóloga que la escritura es «una expresión silenciosa de aquello que no se sabe o no se puede expresar en voz alta, o por falta de herramientas o por la imposibilidad de hablar con la otra persona». Por ello, al plasmarlo se produce un desahogo inmediato, «una resolución de problemas enquistados, independientemente de que termine por enviarse al destinatario».

 

Aunque es completamente distinto, escribir en un teclado también condensa utilidad. La doctora Ochoa apunta que mecanografiar nos permite escribir con rapidez un texto largo, así como de archivarlo, copiarlo y enviarlo instantáneamente de formas que la escritura manual no permite. Por su lado, Silvia Cintrano argumenta que, todo lo que ayude a expresar y ordenar las ideas tiene un beneficio, pero aun así escribir con un teclado no tiene la misma fuerza ni impacto que escribir a mano.

En este caso la doctora Ochoa comenta que aunque las actividades que reducen nuestro trabajo mental nos facilitan la vida, a largo plazo son contraproducentes, especialmente en personas mayores o con deterioro cognitivo. «Al tener teléfonos uno ya no memoriza números o direcciones. El tener una tarjeta que aporta la cantidad necesaria ya no es necesario el cálculo para pagos pequeños o con monedas. Pasa lo mismo con la escritura. Al tener un ordenador o una tableta que escribe por nosotros perdemos una serie de habilidades cognitivas, motoras y visuales que ya no se ejercitan», expone la experta.

Aun así, asevera que estas habilidades se pueden compensar tan solo dedicando unos minutos diarios a escribir pensamientos, frases, u organizarse a mano y escribir cartas. También afirma que cualquier tarea que estimule la memoria, el uso del lenguaje y el conocimiento de las palabras, como son los crucigramas, sopas de letras y demás pasatiempos ayuda.

María Alcaraz Redactor