Muchos profesores denuncian que realizan su trabajo en condiciones que no son las más adecuadas: bandazos legislativos, financiación insuficiente, nuevas metodologías difíciles de aplicar en clases con ratios elevadas, problemas de organización, falta de atención, mal comportamiento en el aula, escasos recursos para atender a los alumnos con dificultades… Y, sin embargo, también son muchos los docentes que hablan bien de su profesión. ¿Qué les motiva?

«Me gustan las ciencias que enseño»

Me gusta mi trabajo. Me gusta compartir mis conocimientos con personas de 12 a 18 años o más. Me gustan las ciencias que enseño. Me encanta comunicarme con los adolescentes, son desvergonzados, son curiosos, son perezosos… son personas en pleno proceso de desarrollo.

CONCHA MERINO. Profesora de Secundaria de Biología y Geología, Valencia.

«Un buen ambiente de trabajo»

Un ambiente relajado con tus compañeros, con los que puedas colaborar y trabajar en proyectos; la certeza de que los equipos informáticos van a funcionar y alumnos que piden más y te siguen son imprescindibles para mantener la motivación como docente.

SUSANA DE MANUEL VÁZQUEZ. Profesora de Secundaria de Inglés, Collado Villalba (Madrid).

«Hay una vertiente de compromiso social»

El entusiasmo con el ejercicio de la docencia no puede ir separado de, por un lado, el compromiso social que representa contribuir a la educación de la ciudadanía, y por otro, al placer que el acto educativo en sí, brinda en cada clase que dictamos.

Pero estas dos condiciones o bien se traen como parte de la identidad de la persona que se transformará en docente, o bien se adquieren durante la formación inicial del docente. El docente mantiene el entusiasmo si es que alguna vez lo ha tenido.

Si esto es así, la clave estaría en el proceso de acceso a la docencia. Son bien conocidos los procesos por los que un docente ingresa a las listas de interinos u obtiene la plaza para dictar clases: pruebas escritas, desarrollo de unidades didácticas, muchos certificados acreditando cursos de todo tipo. Quizás sería positivo complementar este proceso con una entrevista personal en la que el docente exponga sus ideas y sentimientos acerca de por qué quiere dedicarse a la docencia, qué valor le da al hecho educativo, cómo encaja su papel profesional dentro de la sociedad, qué tipo de sociedad y de ser humano concibe para el momento actual, de qué manera ir hacia ese modelo de sociedad y de ser humano, qué sentimientos le abordan cuando piensa en educar, etcétera.

Sin sondear sus altos ideales y sus sentimientos hacia la educación no se puede asegurar que vaya a desempeñarse bien aunque las pruebas en las oposiciones sean punteadas como excelentes. Un docente sin ideales y sin una carga emocional positiva hacia la educación, puede ser un buen técnico, pero no un buen docente. Y difícilmente un mero técnico pueda mantener mucho tiempo el entusiasmo en una profesión que va más allá de lo técnico.

MARIANELLA MAXERA. Profesora, Oviedo.

«Me gustan las ciencias que enseño»

Me gusta mi trabajo. Me gusta compartir mis conocimientos con personas de 12 a 18 años o más. Me gustan las ciencias que enseño. Me encanta comunicarme con los adolescentes, son desvergonzados, son curiosos, son perezosos… son personas en pleno proceso de desarrollo.

CONCHA MERINO. Profesora de Secundaria de Biología y Geología, Valencia.

«Un buen ambiente de trabajo»

Un ambiente relajado con tus compañeros, con los que puedas colaborar y trabajar en proyectos; la certeza de que los equipos informáticos van a funcionar y alumnos que piden más y te siguen son imprescindibles para mantener la motivación como docente.

SUSANA DE MANUEL VÁZQUEZ. Profesora de Secundaria de Inglés, Collado Villalba (Madrid).

«Hay una vertiente de compromiso social»

El entusiasmo con el ejercicio de la docencia no puede ir separado de, por un lado, el compromiso social que representa contribuir a la educación de la ciudadanía, y por otro, al placer que el acto educativo en sí, brinda en cada clase que dictamos.

Pero estas dos condiciones o bien se traen como parte de la identidad de la persona que se transformará en docente, o bien se adquieren durante la formación inicial del docente. El docente mantiene el entusiasmo si es que alguna vez lo ha tenido.

Si esto es así, la clave estaría en el proceso de acceso a la docencia. Son bien conocidos los procesos por los que un docente ingresa a las listas de interinos u obtiene la plaza para dictar clases: pruebas escritas, desarrollo de unidades didácticas, muchos certificados acreditando cursos de todo tipo. Quizás sería positivo complementar este proceso con una entrevista personal en la que el docente exponga sus ideas y sentimientos acerca de por qué quiere dedicarse a la docencia, qué valor le da al hecho educativo, cómo encaja su papel profesional dentro de la sociedad, qué tipo de sociedad y de ser humano concibe para el momento actual, de qué manera ir hacia ese modelo de sociedad y de ser humano, qué sentimientos le abordan cuando piensa en educar, etcétera.

Sin sondear sus altos ideales y sus sentimientos hacia la educación no se puede asegurar que vaya a desempeñarse bien aunque las pruebas en las oposiciones sean punteadas como excelentes. Un docente sin ideales y sin una carga emocional positiva hacia la educación, puede ser un buen técnico, pero no un buen docente. Y difícilmente un mero técnico pueda mantener mucho tiempo el entusiasmo en una profesión que va más allá de lo técnico.

MARIANELLA MAXERA. Profesora, Oviedo.

«Participar con el alumno en el proceso de su descubrimiento»

Soy consciente de que parto con ventaja respecto a muchos colegas españoles. En prácticas de odontología tenemos un ratio 1:15 profesor/alumnos. En clases teóricas el ratio es de 1:60. Lo más importante es acabar con las clases magistrales que ensalzan el ego del profesor y aburren al estudiante. Hay que estimular. Hacer preguntas. Hacer que el alumno participe. Mostrar verbal y no verbalmente una pasión por lo que se pretende transmitir. Cuesta tiempo, pero cuando un estudiante se engancha vienen los siguientes. Y ellos a su vez te transmiten pasión. La rueda se pone en marcha y es apasionante. Un estudiante no quiere que le lancen los conocimientos a toneladas. Quiere participar de ellos, sentirse parte en el proceso de su descubrimiento. Para escuchar clases tediosas ya tienen toneladas de información en internet. He sido elegido profesor del año de la facultad de Odontología de la Universidad de Ámsterdam dos veces.

ÓSCAR CARRERES. Profesor universitario, Ámsterdam.

«Preparo las clases pensando cómo puedo hacerles disfrutar con lo que voy a plantearles»

Lo que me motiva a ir al colegio cada lunes y cada inicio de curso escolar son los alumnos y el cariño que siento por ellos. Aunque coja un grupo nuevo y no les conozca, mi predisposición siempre es positiva. Cuando preparo las clases de la semana o las del mes siempre pienso en cómo mis alumnos pueden disfrutar con eso que estoy planteando. Tienen muy claro que en mis clases se aprende jugando y divirtiéndose (quinto y sexto de Primaria) y esa es una máxima que respeto a rajatabla. Necesitan darse cuenta que aprender es divertido y quiero que ese germen cuaje en ellos. Es mi píldora de la eterna juventud en mi trabajo.

SARA MARTÍNEZ. Maestra de Primaria, Zaragoza

«Me mueve pensar que los alumnos son oportunidad de hacer las cosas mejor»

Doy clases de Lengua castellana y Literatura a preadolescentes de 12 años y a casi jóvenes que cursan segundo de Bachillerato y, en ambos casos, me mueve la idea de que mis alumnos y mis alumnas son el futuro, son la oportunidad de hacer las cosas mejor. Son la esperanza de salvar el planeta, de conseguir por fin la igualdad entre hombres y mujeres, de lograr la solidaridad con los más débiles… Son los que investigarán con el fin de encontrar una cura para cualquier dolor físico y mental y, quién sabe, puede que sean los políticos que necesitamos para que nos gobiernen. En estos momentos que preparo mi vuelta al aula después del puente, esto es lo que me motiva.

MARÍA FELICIDAD YANES. Profesora, Tenerife.

«Transmitir mi ilusión literaria»

A pesar de llevar 38 años dando clase sigo enamorado de mis alumnos. Les transmito mi ilusión crítica y literaria, para que tengan capacidad crítica. También me preocupa la convivencia entre ellos, y por ello hemos implementado la tutoría entre Iguales. Todos los alumnos de tercero de ESO son tutores de los de primero de ESO. Para prevenir el acoso y solucionar entre iguales sus propios conflictos. También con actividades extraescolares, vamos cinco días a Doñana con 50 alumnos.

JAIME MARTÍN. Profesor de Lengua y jefe de estudios, Arroyomolinos (Madrid).

«Motiva que lo que enseñas tenga sentido»

Creo que para destacar en cualquier profesión tiene que existir una formación correcta, actitud por parte del profesional (que le guste y quiera mejorar) y practicar (horas de docencia y experiencia profesional respecto al área a tratar). No ver al alumno como un pesado o el enemigo. Alumnos hemos sido todos. Y hay profesores que han marcado la diferencia en nuestras vidas. Venimos a este mundo a sumar no a restar. A hacer fácil lo difícil.

La clave para que un alumno esté a gusto en clase es que sienta que cuenta, que haya respeto por parte del profesor y que todo lo que el profesor explique tenga sentido y sea aplicado. A nadie le interesa un rollo infumable después de comer, la clase puede ser la pesadilla. La clave para que un profesor este motivado y a gusto es el primer día poner límites a los alumnos para que sepan que hay que respetarlo y a partir de ahí todo vaya rodado, que el centro donde trabaje le apoye y le mime y que para él su asignatura tenga sentido y tenga cierto margen de libertad. Cuando lo que enseñas tiene sentido y entiendes que lo que haces suma en la vida de otros llega la motivación. Ah, y mucho sentido del humor.

LAURA GARCÍA-VEGA. Profesora universitaria, Madrid.

Fuente: Ediciones El País.