Podemos definir dislexia como un trastorno neurológico relacionado a las letras. Se refiere a la distinción y memorización de letras o grupos de ellas, pero también falta de orden y ritmo en la colocación, lo que genera una mala estructuración de frases, etc. Generalmente se presenta en la lectura y la escritura, aunque puede manifestarse en fonemas al hablar. En otras palabras, el cerebro de una persona con dislexia utiliza diferentes patrones para organizar y procesar la información, por ende tanto el aprendizaje como la forma de vida en general, es diferente.

Vivir con dislexia.

Para mí leer un libro, escribir un texto o incluso un mensaje en el celular, requiere más tiempo de lo que te requeriría a ti. Por ese motivo, por ejemplo, la instauración de un corrector automático de palabras en Apps como WhatsApp, es una gran ventaja.

En este caso, no se trata solamente de un instrumento para evaluar tu conocimiento en el uso correcto del lenguaje. Porque para mí, el problema no es no saber escribir una palabra, sino que mi cerebro procesa las cosas de forma diferente, y puedo cometer errores sin quererlo. ¡y no me doy cuenta! Por eso, la tecnología ha sido de gran beneficio para personas con dislexia.

También me pasa al leer; las palabras se confunden y tiendo a tardar en terminar una página de un libro. Al hablar lo hago lento, con cuidado, teniendo en cuenta que debo tener claro lo que quiero decir antes de hacerlo, para así evitar cometer errores. Aunque no siempre es posible. De vez en cuando, esbozo oraciones que podría definir como garabatos verbales. No se entiende nada, es como cuando a ti se te enreda la lengua.

No obstante, ninguna de estas cosas puede ser considerada un impedimento para el desarrollo profesional. Simplemente es un camino diferente. Yo tengo una licenciatura en periodismo, sí: ¡periodismo! una carrera para escribir y leer mucho.

Hablar en público sí es para personas disléxicas.

Aquel día yo no tenía previsto hablar en público, pero tuve que hacerlo. Lo que en principio era una visita rápida a la sala de conferencias, se convirtió en una situación de estrés. Tenía la intención de dejar unas cajas y volver al trabajo, se trataba de una parada técnica y nada más. Para mi sorpresa no pasó sino todo lo contrario. En ese momento entendí que vivir con dislexia no es un impedimento profesional. 

Cuando abrí la puerta de la sala me encontré a mi jefe junto a un grupo de personas. Todos ellos eran alumnos que estaban su último día de formación, por ese motivo los habían llevado a visitar el teatro en el que yo trabajaba produciendo eventos. Se trataba, digamos, de una última experiencia pre-profesional. Un contacto con la que sería su vida como productores de eventos.

Al verme, mi jefe sonrió. Lo conocía y sabía que eso no podía significar otra cosa que una ocurrencia o idea. No me equivoqué. Me invitó a hablar frente a los “nuevos productores”, que sonreían expectantes. Quería que les contara mi experiencia profesional, les aconsejara y motivara. Pensé en negarme, pero cómo iba a hacerlo. Después de todo se trataba de mi jefe, además, buena parte de mi trabajo requería fomentar las relaciones, y para eso tenía que atreverme a hablar en público.

“Dame un momento”, le dije. Lo necesitaba para ordenar mis ideas antes de empezar a hablar. No sé exactamente cuánto tiempo pasó antes de pronunciar la primera palabra, pero sé que logré vencer el estrés, el miedo y mis propias inseguridades.

Yo lo hice. El comienzo fue simple: “mi nombre es Oriana Ramírez y soy productora de eventos”; el resto fue historia. Les hablé de mis experiencias, les aconsejé e involucré en posibles situaciones que pueden presentarse en un evento.

Al final del día me sentí capaz, mi jefe estuvo feliz, y los alumnos obtuvieron consejos que espero sean de provecho.

Estas son algunas señales de la dislexia.

Lo primero es saber que se ha demostrado que es hereditaria. Por tanto, si alguno de los padres tiene dislexia, es posible que el hijo/a la tenga. Aunque también aplica con otros grados de parentesco. Por otro lado, estas son algunos de los síntomas de la dislexia:

  • Desarrollo demorado del lenguaje. Los niños empiezan a hablar de forma tardía, a los dos (2) o tres (3) años.
  • Confusión respecto a la fonética.
  • Posibilidad de tartamudeo.
  • Confusión de direcciones: izquierda/derecha.
  • Dificultad de memorización de secuencias lógicas.
  • Problemas de concentración.
  • Dificultad para escribir de forma correcta las palabras.

Además, es posible que en oportunidades los disléxicos no pueden entender lo que se les dice. O, tardan un poco más en procesarlo. También, seguir instrucciones puede ser toda una osadía.

¿Cómo ayudar a una persona disléxica?

Este es un trastorno que afecta a entre un 5% y un 8 % de los infantes escolarizados, causando en el peor de los casos “problemas emocionales y fracaso escolar”, según afirma Llorenç Andreu Barrachina, director del máster de Dificultades de aprendizaje y trastornos del lenguaje de la UOC (España). Por ello, hay que tomar medidas desde temprana edad.

Se recomienda ofrecerle al infante un tutor en fonética, así como adaptar su educación. Por ejemplo, muchas escuelas realizan exámenes orales para niños/as con dislexia. La idea es crear opciones que ayuden a compensar las desventajas y les hagan sentir capaces.

 

Fuente: becasparatodos.com

Este artículo se ha hecho en colaboración con la periodista Oriana Ramírez.