La duración de esta última fase del desarrollo, o juventud, como preámbulo para alcanzar la adultez depende del conjunto de las variables que hayan influido en el desarrollo hasta ahora: los rasgos aptitudinales, el ambiente familiar, la formación intelectual, las influencias ambientales, la asunción de compromisos, el nivel de autoexigencia, etc.

Todos ellos constituirán la clave de un desarrollo madurativo que les encamine hacia los compromisos y responsabilidades propios del adulto.

Orientaciones educativas

  • Enseñarles a afrontar la realidad, evitando las evasiones mentales.
  • Ayudarles a reconocer sus fortalezas y sus debilidades y a emplear bien sus recursos personales.
  • Enseñarles a respetar a quienes piensan de forma distinta de ellos mismos o de su grupo.
  • Proponerles que tengan más en cuenta los puntos de vista contrarios a los suyos que pueden enriquecer su perspectiva personal.
  • Recordarle el mensaje de Juan Pablo II a los jóvenes en París “quien te exige te toma en serio”.
  • Concienciarles que cada derecho implica un deber. Esta sociedad moderna está llena de derechos y carente de deberes.

Conviene tener en cuenta, que cuando un hijo, por las circunstancias que fueran, ha vivido mal o no ha vivido las características, rasgos y comportamientos de cada etapa, estos vacíos serán difíciles de rellenar posteriormente.

AMOR Y ACEPTACIÓN, SERENIDAD Y PACIENCIA, EXIGENCIA Y COMPRENSIÓN SON INGREDIENTES QUE DEBEN FORMAR PARTE DE TODA ACCIÓN EDUCATIVA QUE SE REALICE EN LA FAMILIA.

 

Fuente: psicologiadelphos.es