Imagina una utopía en la que comunicarte con tu hijo adolescente es totalmente posible. Te escucha, es participativo, cálido, comunicativo… La psicóloga Sonia Fernández Becerra asegura que es posible…

magina una situación idílica en la que comunicarte con tu hijo adolescente es totalmente posible. Te escucha, es participativo, te sonríe y no da una voz más alta que otra. Hay una comunicación bidireccional con flujo constante de información en la que se respira calidez y bienestar. Pues bien, todo esto puede ocurrir si sabes cómo hacerlo…

Ya no es un niño

Durante la adolescencia suceden cambios físicos, mentales y emocionales. Tu hijo necesita su espacio y autonomía; para continuar con su crecimiento necesita esa separación y transformar ese vínculo o apego que siempre ha existido. El proceso no es sencillo ni para los padres, ni para el adolescente en cuestión, ya que éste también sufre.

Autonomía, privacidad, necesidad de encontrar su verdadero yo pasando por diferentes identidades, cambios fisiólogicos y más son algunas de las palabras clave durante esta etapa de la vida.

A la vez que tu hijo madura, tú lo haces con él. Ya no dispones de la misma energía, y tus destrezas van menguando. Y, la recién forma de actuar de tu hijo joven desafía tu autoridad, provocando en ti las ganas de esforzarte por controlar la situación.

¿Cómo conseguir que te escuche?

El niño que pedía que le mirases mientras se tiraba por el tobogán ha desaparecido dando lugar a una nueva persona que tú no llegas a reconocer del todo y con la que es muy difícil mantener una conversación sin discutir.

Consulta esta serie de ideas para conectar con la nueva persona que es tu hijo:

Privacidad: en el momento en que sale de la estancia para ir a su habitación y se encierra, ¡respétalo! Si percibe que respetas su espacio y no eres intrusivo se sentirá más dispuesto a contarte algo que le ronde por la cabeza en un futuro.

Sé un buen oyente: aprovecha el momento en el que tu hijo sienta que quiere compartir algo contigo. Escucha de forma activa sin juzgar, deja que se exprese y que dé su opinión.

Aumenta su autonomía: confía en su juicio y dale independencia. De esta manera también incentivas que ante un posible problema acuda a ti en busca de ayuda. Dale a tu adolescente algo que decir en las decisiones importantes. Hablar con ellos acerca de la decisión y escuchar su opinión le mostrará que respetas su punto de vista. Con esto se consigue que el cambio de niño a pre-adulto sea menos doloroso para el adolescente y que lo ayude a adaptarse.

Acepta sus sentimientos: siempre y cuando se transmitan con respeto.

Aprende a guardar un secreto: lo que te ha confiado, te lo ha confiado a ti.  No lo reveles a los demás. Fomenta la confianza entre vosotros manteniendo conversaciones confidenciales. Es decir, a menos que haya un problema que sientas que necesitas discutir con tu pareja u otro adulto.

Si terminas compartiendo lo que te ha confiado, esto puede cerrar la comunicación. Es posible que el adolescente no quiera arriesgarse a ofrecerte sus pensamientos u opiniones íntimos nuevamente.

comunicación adolescentes

Evita gritar, culpar y poner nombres: estas acciones agresivas probablemente matarán cualquier conversación significativa. Recuerda que estás tratando de hablar con tu hijo, no gritarle o enfadarte con él.

Evade preguntas inquisitorias o situaciones que culpabilizan: en lugar de decir “¿de quién es esta ropa que hay aquí tirada en el suelo?” decir “he visto que  hay ropa en el suelo por recoger”.

Opina sin sermonear: evita decir cosas como “eso me parece una tontería”  y cámbialo por frases tipo “entiendo lo que quieres decir, bueno si me lo permites, yo hubiera hecho…”

En el coche: si tienes que llevarle algún sitio, aprovecha el momento “chófer” para hablar de cualquier cosa. Enfócate más en escuchar que en hablar.

Apaga el teléfono durante la cena: así se centra la atención en la conversación que surja y se crea un tiempo de calidad en familia. Piensa preguntas que todos puedan responder y evita enjuiciar. Céntrate en eventos del día, planes con amigos, etcétera. Dale toda tu atención y escucha lo que tienen que decir, apaga el televisor o cierra la puerta. Haz que tu adolescente se sienta escuchado. Al finalizar pregúntale si le gustaría que le dieras tu opinión acerca del tema en cuestión.

Evita irrumpir en diferentes momentos del día. Programa un tiempo con ellos para limpiar su habitación (por ejemplo). No atrapes a tu hijo con la guardia baja, ya que esto puede llevar a una pelea.

Discúlpate cuando te equivocas, saber pedir perdón y reconocer el error es muy valioso para la otra persona. De esta manera, el adolescente ve que eres humano y una persona con la que se puede mantener una relación. Escuchar “lo siento” de una figura  de autoridad como son los padres repercute positivamente en el comportamiento del adolescente.

Interésate por sus gustos: moda, amigos, música, qué le gusta leer o hacer en su tiempo libre. Comparte tus gustos e intercambiad ideas. Intenta siempre escuchar más que hablar, y que se note que existe un interés real por lo que estás preguntando.

Antes de dormir: ve a su habitación, toca la puerta y pregunta si puedes entrar.  Luego charlar un poco acerca de cómo ha ido el día, qué ha sido lo mejor, o si tiene alguna anécdota graciosa que contar, alguna nota de clase, algo que haya aprendido y le ha parecido interesante y le gustaría compartir contigo…

Al llegar de fiesta: si estás despierta cuando llega a casa después de haber salido a tomar unas copas con los amigos, ofrécele un refresco y muéstrale que estás dispuesta a escuchar lo que desee contarte. Puedes empezar diciendo “me ha gustado mucho conocer a tu amiga, parece muy simpática, ¿Lo habéis pasado bien?”

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Comunicación positiva

Como ves, la comunicación positiva con el adolescente brinda la oportunidad de conseguir el respeto y la honestidad de éste, incluso cuando hay puntos de vista diferentes. Evita enjuiciar e interésate por él de forma real y significativa sin alardear del hecho de que eres un adulto y sabes cómo funcionan las cosas. Así, te los meterás en el bolsillo.

Y aquí, tienes tu utopía. La puedes alcanzar si evitas el control continuo, de forma natural conseguirás una relación amistosa y cercana con tu ya no tan niño.